Angelina Valentine
Música, cine y un sueño tailandés
Los conciertos de death metal, las comedias televisivas y el cine de artes marciales aparecen en las conversaciones de Angelina Valentine sobre su vida fuera del trabajo.
La energía de la música en directo
Valentine contó a Adam Wilcox que era una gran aficionada al death metal y que disfrutaba asistiendo a conciertos y entrando en el mosh pit. Lo describía con entusiasmo: la música era algo que vivir entre el público, además de escuchar en casa.
También se definía, de forma más amplia, como una chica de rock and roll. Esa preferencia encajaba con el carácter directo que mostraba en la entrevista, pero no se limitaba a un interés general por la música popular: el death metal era el género que destacaba.
Noches de terror y comedias conocidas
Sus gustos cinematográficos se inclinaban hacia el terror, especialmente las películas de asesinos y las historias de zombis. Cuando Wilcox le preguntó por su tiempo libre, describió cómo se acomodaba en casa para ver películas. Era parte de la vida cotidiana de la que hablaba junto a su cariño por los animales.
En televisión citó Las chicas de oro y La niñera entre sus favoritas. Le gustaba especialmente Fran Fine y entendía que compararan su manera de hablar. Según explicaba, el parecido estaba en la personalidad, aunque sus propias raíces eran de Kentucky, no de Brooklyn.
La película que despertó un deseo de viajar
Ong-bak, con Tony Jaa, impresionó mucho a Valentine. En la entrevista de AVN de 2011 relacionó la película con su deseo de visitar Tailandia o pasar allí una temporada larga. Dijo que intentaba aprender tailandés y que el país le atraía por algo más que el viaje.
Como había practicado artes marciales, quería profundizar tanto en la disciplina mental como en el entrenamiento físico. Imaginaba apartarse del teléfono y del ordenador para concentrarse en esa experiencia. Era una aspiración personal de aquel momento, no la confirmación de una mudanza posterior.